Franco

Franco es Hernán Lettini

Hernán estudió actuación con Fabián Pandolfi, Lizardo Laphitz, Agustín Alezzo y Julio Chávez entros otros. Se formó en el Centro Intregral de comedia musical "Protagonistas" bajo la dirección artística de Hernán Kuttel, Marcelo Sycz e Ignacio de Santis. Estudió canto con Pablo Garcia, Natalia Cociuffo, danza con Carlos Casella, Verónica Peccolo, y Analia Riamonde, contact improvisación con Vanina Goldstein y entrenamiento corporal con Doris Petroni.

En teatro trabajó como actor con Yael Tujsnaider y Diego Brizuela en "Aquellas Lindas melodías en Karaoke" y en "Cenicienta es tiempo de amar", dirigida por Natalia Wursten. Como asistente trabajo en "4 hermanos" de Pedro Antony y Cristian Scotton en el Centro Cuktural Konex, y en "Olivo" de Monina Bonelli. Participó en diversas publicidades y cortos.

Personaje

Franco es noventoso, y luchador. Es observador, tierno y caballero. Milita por la igualdad de derechos para todas y todos. Es algo torpe con su cuerpo y obsesivo con muchas cosas. No cree en la violencia, ni la ejerce. Es algo tímido y reservado. Acepta tomar la merienda con Valentino por que piensa que ese día no habrá nadie en casa del anfitrión.

Hernán en la obra

Cuando escribí la obra, y apareció en mi cabeza Franco, inmediatamente pensé en él para el personaje. Su "fisic du rol", y su forma para comunicarse, me parecieron apropiados para el tempo interno de esta nueva criatura que llega para enamorar a Valentino.

Hernán es comprometido con su labor, se preocupa por trabajar aspectos de su actor y busca el modo de ejecutar acciones que lo pongan de cara a la superación personal. Una vez que logró insertarse en un espacio de comodidad dentro de la estructura del proyecto, consiguió que aparezcan modos intensos e interesantes en su propuesta. Es respetuoso, y se jugó a fondo por la obra. Me gusta el trabajo con él. Me invita a investigar, a probar sobre su humanidad. Me gusta su calidez y sus formas de tratar el material con el que contamos esta historia. Hernán es maleable y hacendoso, dispuesto y sensitivo. Hernán es mi nuevo chico crudo.


" El amor es un desbordamiento hacia algo ilimitado"
Friedrich Nietzsche.
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Valentino

Valentino es Marco Gianoli

Marco estudió actuación con Flavia Gresores, y Gabriela Distisheim en el Centro Cultural San Martín y en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Improvisación con Pablo Angeli. Danza contemporánea con Pablo Castronovo, danza jazz con Jesica Chorni., y canto en forma particular con Andrea Bela del Valle. Actualmente cursa el último año de la carrera de Formación del Actor en la Escuela Metropolitana de Arte Dramática (EMAD)

En teatro trabajó con Pablo Angeli, Alejo Beccar y Maruja Bustamante. Participó de inunmerables publicidades para televisión.

Personaje

Valentino trabaja en una casa de ropa, su mejor amigo se llama Nicolás. Valentino es muy querido en el barrio, es generoso con los demás. A veces les cuida las nenas a La Etel y le paga las cuentas a La Hebe. Es sensible. Le gusta Betty Boop. Y le gusta el amor. Valentino espera a su principe azul, y parece que lo va a encontrar.

Marco en la obra

Entrevisté a varios actores para el personaje de Valentino. Al comenzar el proyecto otra persona iba a interpretar este rol. Finalmente me encontré en un bar con Marco. Pasaron uno minutos e inmediatamente supe que él era el adecuado, Marco es talentoso, dulce y observador. Es un actor proactivo y luminoso, comprometido con la causa, y todo lo que pase en torno a ella. Tiene la cualidad de ser lúcido, la frescura de su juventud y la fuerza para lograr lo que se proponga. Marco es frágil y valiente, decidido, y crudo. Marco es mi Valentino ideal.

"Al primer amor se lo quiere más, a los otros se los quiere mejor"
Antoine de Saint - exupéry
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Marcela

Marcela Groppa es Marcela Varano

Se formó con Andres Sacchi (en La manzana de las Luces), Marcelo Mangone, Lili Popovich para el estudio de Julio Chávez y Pompeyo Audivert entre otros.

Paralelamente inicia sus estudios de expresión corporal y trabajo con máscaras

En Teatro formó parte de las siguientes obras: Quien le teme a Virginia Woolf; Ropa de mujer; La Metamorfosis; Espejito, espejito; Qué obstinada que sos; El enfermo imaginario; Las amigas; Manchas de humedad sobre un cuerpo nocturno; Gigoló; El diván; Parto en casa; Box, peleas perdidas (coproducción colombo argentina). Se prepara para estrenar en septiembre de 2011 "La teoría de las mariposas", escrita y dirigida por Eduardo Grilli. Actualmente forma parte del elenco de "Quiero pasar una tarde con Franco", escrita y dirigida por Martín Marcou.


En cine, protagonizó tres cortometrajes: Cuerpo; Diferencias y Comedia de humor negro. Para la UBA, FUC y ENERC respectivamente.


Personaje

Mamá del Beto, Fabiola y Valentino, Marcela es la jefa de familia. Su marido la abandonó. Tuvo un affaire con un canadiense, se sospecha que Valentino es hijo de ese hombre. Trabaja como telemarketer vendiendo planes de emergencias médicas junto a su comadre "La Débora", que ahora es su jefa.


Marcela en la obra

De Facebook, como red y fenómeno social, se puede decir muchas cosas. En lo personal lo uso para difundir mi grupo, mis espectáculos, como una vidriera donde intercambio información, pero donde sobre todo, acontece el intercambio con otros, del modo que sea, como cada uno prefiere y logra hacerlo.

Hace unos meses di en la red con esta actriz que se sumó a la filas de TEATRO CRUDO. Marcela Groppa comparte el rol de madre viernes por medio en mi espectáculo QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO, los viernes a las 23hs en La Tertulia, Gallo 826. Abasto.

Marcela es dispuesta, dulce, profesional y apasionada. Me hace bien tenerla en el grupo. Marcela suma. Marcela es cruda. Bienvenida...


"Alegría y amor son las alas de las grandes empresas"
Goethe
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Fabiola


Fabiola es Rosario Sabarrena

Rosario egresó de la carrera de actuación y dirección de artes escénicas del CIC, (Centro de Investigación Cinematográfica, escuela de Cine, Televisión y Teatro. Es realizadora integral de radio ETER (Escuela de comunicación, radio - locución y periodismo) realizó diversos cursos de actuación y expresión corporal en el Centro Cultural San Martín, estudió clown y máscara teatral con Gabriel Merau y Sandra Zuñiga. Hizo cursos, seminarios y talleres de Cine, video, fotografía y cámara.

Tiene experiencia en teatro, radio, televisión, y como locutora. En teatro se destacan su participación en los espectáculos Fracaso Fashion de José María Muscari, y Rumore (creación colectiva) actualmente en cartel. Como actividad paralela realiza reseñas teatrales para su blog Artesanal - Winona http://artesanal-winona.blogspot.com/

Personaje

Fabiola trabaja en el Kiosko de la familia. Tiene un novio motoquero al que nunca ve, y un paragüas turquesa. Estudia inglés. Con la madre no se lleva bien. Con su primo Gastón si. Es adicta a los sandwiches de pastrón y los cigarrillos mentolados.

Rosario en la obra

Cuando la conocí a Rosario fué inexorable que no pensara en su energía, por que me sacudió, me atravezó, me desconcertó. ¿Me agotó? Pienso que ella es de esas personas a las que aceptas de movida o no aceptas. Con ella no hay medias tintas. Rosario no tiene reparos en pedir trabajo, en decir que necesita hacer, que quiere estar, que le interesa crecer en lo suyo, por eso está, por su insistencia direccionada, y por que pensé que podía canalizar esa energía agitada en un personaje. El proceso fué de menor a mayor, y a medida que la concentración comenzó a emerger, algo poderoso e interesante fluyó de sus entrañas, algo particular, personal, que la volvió una chica cruda.

"Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor."
Amado Nervo
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Gastón

Gastón es Pedro Aggollia

Pedro Aggollia
estudió actuación en el Teatro San Martín, y con Ana María Campoy entro otros docentes. Se formó en el centro integral de comedia musical "Protagonistas" bajo la dirección artística de Hernán Kuttel. Estudió canto con Natalia Cocciufo y Marisa provenzano, danza con Verónica Peccolo, Analía Riamonde, y Valeria Celurso.

Participó del espectáculo "Prohibido suicidarse en primavera" bajo la dirección de Julia Czubaj, y participó de diversos cortos para alumnos de la carrera de Diseño de imagen y sonido (UBA)

Personaje

Gastón es el hijo de la hermana de Marcela Varano. Es el primo de Valentino, Fabiola y El Beto. Es peluquero. Te atiende la cabeza y después te destruye con la lengua. El padre le puso el negocio. Su tía lo ama. Se está animando con el diseño. A veces se siente solo, pero para esos momentos tiene su máquina de coser.

Pedro en la obra

Pedro representa un oasis dentro de tanta energía grupal desbocada, con él las cosas pasan cuando él se tomó su tiempo para pensarlas y sentirlas, ni antes, ni después. Pedro es buena persona, es bello por dentro y por fuera. Fué otro de los actores que aparecieron en mi cabeza desde la génesis del proyecto. Pedro es suave y cotidiano. Es rompible, por eso hay que cuidarlo, y aprender de su sapiencia ligada a la simpleza de las cosas. Pedro se empieza a animar, a confiar más en todo y entonces puedo aseverar que se viene crudo.

"Amor y corazón noble son una misma cosa"
Dante Alighieri
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El Beto

El Beto es Eugenio Davide

Eugenio Davide se formó en actuación con Raquel Albeniz, participó de numerosas muestras colectivas y performances. Estudió canto con Claudio Morla, y tango con Hernán Catvin.

Dentro de su experiencia laboral, se destacan sus participaciónes en los ciclos; "Teatro x la identidad," y "Las Tertulias de Aguilar" coordinado este último por Patricia Zangaro, su unipersonal " El Gavilán" escrito y dirigido por Gilda Bona y su actuación en la obra de "De mí" de Juan Coulasso, con coreografía de Daniela Cuculiansky, obra que se repondrá durante este año.

Personaje

El Beto es el hermano mayor de la familia Longo, está desocupado hace dos años. Lo mantienen la madre, sus hermanos y principalmente su amante, una mujer mayor que él. No tiene filtro alguno para decir las cosas. Colecciona anteojos, ama a su madre, le gusta declamar siempre los mismos versos y la Coca - Cola.

Eugenio en la obra

Eugenio ama lo que hace, algo vigoroso lo envuelve y hace que esté arriba de un escenario. Lucha con él por que siente que puede, aunque a veces no sabe como. Yo muchas veces no supe como y me suele pasar a diario, pero se que quiero, y entonces eso me anima. El resto es parte de los riesgos que tomamos al elegir con el corazón y todas las fuerzas, lo que nos apasiona.

Confío en Eugenio, está por que tiene que estar, por que tiene mucho para dar, y yo mucho para aprender de él. Su Beto es el Beto que yo quiero, que siempre quise. Un Beto crudo.


"Donde reina el amor, sobran las leyes"
Platón
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Críticas






QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO

Detalle de la nota




Quiero pasar una tarde con Franco – Crítica

Del amor y otros demonios.Obra escrita y dirigida por Martín Marcou, con las destacadas actuaciones de Hernán Lettini y Marco Gianoli. Crítica de Lucía Minissale.




16/06/2011
Con el auspicio institucional del INADI se reestrena, “Quiero pasar una tarde con Franco”. Esta obra, a través de diálogos simples y escenas cotidianas, relata una historia utilizando como excusa el amor entre dos personas del mismo sexo, para debelar la hipocresía, los prejuicios, y la discriminación presentes en la sociedad.

Franco salva a Valentino de un robo, éste como gesto de agradecimiento lo invita a merendar a su casa, y así comienza la obra.
Hernán Lettini, interpreta a Franco, un profesor de literatura y militante por la igualdad de los derechos de las minorías sexuales. Marco Gianoli es Valentino, un joven sensible, y naif. A pesar de sus diferencias logran conectarse. Sin embargo, estos sentimientos se ven interrumpidos cuando entra en escena la familia de Valentino. La madre, Marcela (Marcela Groppa), es una mujer egocéntrica, entrometida, y de carácter fuerte; la hermana, Fabiola (Rosario Sabarrena), es una joven retraída, con dificultades para relacionarse y discriminada principalmente por su madre. El primo, Gastón (Pedro Aggollia), es un peluquero extrovertido y el preferido de la tía. Por último, se une al elenco “El Beto”, el hermano mayor de Valentino, un hombre grosero y homofóbico, amante de la coca cola y las declamaciones.

No falta ningún cliché para hacer de esta, una obra sumamente hilarante y dinámica. Martín Marcou juega constantemente en el límite de lo grotesco y lo kitsch. Lo interesante de la puesta, es que no solo aborda el tema de la igualdad de los derechos de las minorías sexuales, sino también los prejuicios, y las contradicciones que encarna la llamada “clase media baja”.

Es una propuesta divertida, que hace reflexionar al espectador sobre los estereotipos de la sociedad, y sobre como esta construye los diversos cánones que rigen en la actualidad.

Cabe destacar el trabajo actoral y vocal de Hernán Lettini y Marco Gianoli. Por medio de las miradas y los gestos, dichos personajes logran tener una perfecta comunicación, haciendo que el espectador pueda identificarse con la historia de amor. Además, la utilización de las luces, y del espacio escénico dan credibilidad al relato.
Como frutilla del postre, se destaca la escena final, un “musical” donde Rosario Sabarrena, se lleva todos los aplausos.
Lucía Minissale






Información






TEATRO
La Tertulia

DIRECCIÓN
Gallo 826

TELEFONOS
6327-0303

WEB



FUNCIONES
Vie 23 hs.

LOCALIDADES
Estudiantes y Jubilados $35
General $45




Ficha Técnica






Dramaturgia: Martín Marcou
Elenco: Pedro Aggollia, Eugenio Davide, Marco Gianoli, Marcela Groppa, Hernán Lettini, Rosario Sabarrena
Vestuario: Eleonora Boffi
Escenografía: Ana Paula Fort Caneda
Maquillaje: Sol Osimi
Diseño de luces: Ariel Campos
Realización de escenografia: Esteban Fort Caneda
Fotografía: Leandro Martínez
Diseño gráfico: Vanina Moreno
Asistencia de vestuario: María Cecilia Jazmín
Asistencia general: Valeria Actis, Ana Rossi
Asistencia de dirección: Ariel Campos
Prensa: Juan Bautista Britez
Producción: Checha Amorosi
Coreografía: Aymará Abramovich
Dirección: Martín Marcou

Temporada: 27/05/2011 al 15/07/2011


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Eduardo Jorge Gil Michelena
Intercambio Cultural - FM 87.9 UBA
Junio 2011
Quiero pasar una tarde con Franco

Resumen:
Un joven, Valentino, sufre un asalto, Franco lo socorre; Valentino, agradecido, lo invita a merendar en su casa. Entre tés y galletitas ellos empiezan a seducirse con palabras y miradas. Todo parece ir bien hasta que llega la madre de Valentino y empiezan los problemas. La madre intempestiva, egocéntrica, desubicada y prepotente que absorta en sus problemas no se percata del nuevo “amigo” de su hijo. Al poco tiempo llega Fabiola, la tonta e infantil hermana de Valentino, luego el primo de Valentino, gay y peluquero, que intenta seducir a Franco y, para completar la familia, aparece el impresentable, vago, pedante y misógino hermano mayor de Valentino. La historia evoluciona de esta forma a una especie de caos en donde todo parece ser absolutamente increíblemente estúpido, increíblemente desopilante que combina lo bizarro y lo kitch de la vida de una en familia particular. Así se aluden las miserias, los sufrimientos y las bajezas humanas que quedan representadas en la obra de una manera particular y admirable en tonos de tragicomedia, grotesca sátira.
Impresiones sobre la obra:
El director del grupo “Teatro Crudo”, Martín Marcou, nos presenta una obra impecable, interesante y admirable que en tono de tragicomedia kitsch e inteligente combina el drama humano con la comedia de enredos de una manera particular e infrecuente que la hacen una buena opción a la hora de elegir.
Las actuaciones de cada uno de los personajes son por demás impecables, pues cada uno trabaja su representación desde lo gestual y lo enunciativo sin falla; de esta manera el grupo logra expresarse con solvencia y construir de manera lograda los personajes que consiguen representar a la perfección dándoles absoluta verosimilitud.
La puesta se luce por la esmerada producción que saca el máximo provecho a la dotación material de que se dispone. Así un espacio escénico reducido es suficiente para lograr un ambiente propicio para el desarrollo de la obra que es ambientado con inteligencia y mesura por Ana Paula Fort Caneda que con pocos y elegidos elementos pudo crear un ámbito de representación fluido.
El vestuario pensado por Eleonora Boffi trabaja sinérgicamente con los caracteres de los personajes, dando acento a sus personalidades.
Desde su dramaturgia la obra trabaja intercalando pasajes de drama costumbrista, con la sátira y la comedia alternando momentos de humor y tensión que le dan un ritmo especial a la obra.
Así la obra puede ser, según se vea, tanto una simpática comedia como una obra que permite generar un espacio de reflexión el amor, la impostura, la intimidad, las relaciones familiares…
De esta manera con dinamismo y fluido ritmo la obra alterna situaciones que van aconteciendo, hasta que un giro sorpresivo, fruto de una palabra o un gesto, tuerce el devenir.
El broche final no tiene desperdicio: un pasaje coreográfico que sirve de lucimiento a su creadora, la coreógrafa Aymará Abramovich es marco más que apto para el saludo final que nos arranca, de yapa nomás, unas últimas sonrisas.
En síntesis: Una obra simpática, tierna, graciosa que además permite un trampolín para una seria reflexión. 




Quiero pasar una tarde con Franco
Recomienda: Diego Scarpati
Teatro: La Tertulia

El pasado viernes 27 de mayo, y a sala llena, fue el reestreno de Quiero Pasar una Tarde con Franco, la comedia escrita y dirigida por Martín Marcou.
Esta nueva temporada llega con algunos cambios, principalmente desde la puesta en escena  y el vestuario. Aunque la principal diferencia con la temporada anterior sea tal vez que la Ley de Matrimonio Igualitario ya es una realidad.

La temática de la obra va más allá de la historia de amor entre dos hombres. El eje gira en torno a las desavenencias de la vida cotidiana, a la interacción entre los individuos y la problemática presente en las complejas, o no tanto, estructuras familiares.   
Valentino invita a Franco a merendar a su casa (después de haberlo asistido ante el intento de un robo); punto de partida para que dos extraños se conozcan, exploren sus diferencias y encuentren en ellas puntos en común que terminan por atraerlos. Valentino (Marco Gianoli) es un adolescente inquieto, tierno, aniñado. Del otro extremo está Franco (Hernán Lettini) un profesor de literatura algunos años mayor, miembro de una organización que defiende la diversidad sexual; un hombre estructurado, esquemático, correcto en todos sus sentidos.

Como en toda historia de estas características, no faltará una fuerza que se interponga entre los protagonistas, en este caso representada en los estrafalarios parientes de Valentino: personajes que podemos encontrar en cualquier familia de barrio, especialistas en generarnos momentos de incomodidad y vergüenza ajena.

Marcela (esta temporada interpretada por Marcela Groppa) la madre sin filtro, quejosa, que no mide palabras a la hora de criticar a la supervisora de su trabajo, y experta en generarle a Valentino situaciones avergonzantes. Fabiola (Rosario Sabarrena) la dulce y poco iluminada hermana, blanco fácil de las críticas de Marcela. Gastón (Pedro Agollia) el primo peluquero de Valentino, desmedido, desinhibido y con demasiado interés en Franco. Y Beto (Eugenio Davide), el hermano mayor de Valentino: desempleado intolerante, homofóbico y figura paterna en esta familia, que desatará el conflicto.

Si hubiera que utilizar solo una palabra para adjetivar la obra, podría ser Ternura,  que emana desde el comienzo: desde la escenografía, los elementos del decorado, muchos pasajes del texto y fundamentalmente la que irradian algunos de los personajes por sus características: Fabiola, Franco y en especial Valentino (se destaca la labor de Gianoli entre las buenas actuaciones del resto del elenco).

Quiero pasar una tarde con Franco tiene funciones confirmadas hasta fines de julio, se presenta los viernes a las 23 Hs en el teatro La Tertulia y cuenta con el auspicio del INADI.

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QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO
“La vida domestica de Valentino”...

“La vida domestica de Valentino”

El teatro Argentino viene perfilándose por mostrar las vidas cotidianas en las familias, sus miserias como si se tratara de costumbres argentinas, obviamente esto es bienvenido y se viene aplicando a todo el teatro del mundo.

Esto lo trae QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO de muy grata y amable sorpresa, esta obra muy bien articulada y narrada por Martín Marcou e interpretada por muy buenos actores, justamente esta combinación hace que la obra transcurra con una naturalidad asombrosa.

El titulo de la obra refleja una expresión de deseo que se cumple justamente la tarde en que Valentino conoce a Franco con la yapa de su familia, atravesando temas tan actuales como el casamiento igualitario, la inseguridad y la falta de oportunidad para los jóvenes.

Mas allá de su temática, la obra puede ser aplicada a cualquier tipo de relación inclusive padres e hijos, en eso radica la diferencia de lo tratado ya que no hace de esto un microcosmo para justamente una minoría.

Valentino lleva a delante la voz de la familia y através de el se van desarrollando las historias, como la de su madre un personaje muy hiriente por el cual pasa toda la historia familiar; la de sus hermanos, como la de la hermosa Fabiola que no tiene muchas luces pero por algo se habrán apagado, en conclusión todos los personajes están muy bien interpretados y desarrollados.

Esta segunda temporada se reafirma con la ley ya mencionada y un director a tener en cuenta por su cruda manera de contar las historias que ya fue sembrando en el conciente colectivo.

Valentino invito a Franco una tarde cualquiera, anímate vos también a reflexionar y pasar un momento con esta particular familia.

GUSTAVO MARTIN SCUDERI

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RESEÑAS DE CINE Y VIDA




http://resenasdecineyvida.blogspot.com/


Una merienda que cae pesada.

Franco socorre a Valentino de un robo y lo invita a su casa a tomar una merienda. Coqueteo de ellos, todo iba bien hasta que aparece la familia.

Una madre un tanto machona, que trabaja en un call center. Una hermana medio loca y sucia, excelentemente interpretada por Rosario Sabarrena, ella a todo respondía: "Seee, seee" como asintiendo a todo, como que no le importaba nada, o no entendía nada. Un primo totalmente amanerado que viene a invadir esta merienda y por ultimo un hermano homofobico.

Una buena mezcla de personajes que nos hacen reír y descubrir como es el amor entre personas del mismo sexo.

Celebro la idea del director, porque en las épocas que corren, esta bueno plantear el debate y poner en evidencia la diversidad sexual y así poder generar esta brillante obra que nos deja sonriendo y pensando.

Muy buena.

Actuan: Marco Gianoli, Hernan Lettini, Marcela Groppa, Rosario Sabarrena, Pedro Aggollia y Eugenio Davide.
Direccion: Martin Mancou.
La Tertulia
Gallo 826
viernes 23 hs.
Precio de las entradas: 45 pesos y $35 con descuento.

reservas: 6327-0303








“QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO”.

¿Qué mejor que conocerse en familia?...



La vida de Valentino está a punto de cambiar. Por esas cosas del destino, Franco – un profesor de literatura - está en su casa. En esta tarde atípica, ellos comparten una merienda, se observan, charlan y descubren que sus diferencias los acerca a un plano sentimental.

Sin embargo, el clima de expectativas entre estos muchachos se ve en jaque, ni bien hace su ingreso la familia de Valentino. Una madre que se las trae, una hermana con carencias de todo tipo, un primo explosivo y un hermano intolerante - que ocupa el lugar del padre que ya no está.

Valentino (Marco Gianoli) parece haber dejado de lado las cuestiones de su corazón en pos del bienestar de la familia. Un joven inocentón y chiquilín – pero con la entereza de ser maternal en el hogar.

Fabiola (Rosario Sabarrena) es un personaje muy bien desarrollado. Transmite ternura, rebeldía y sus limitaciones reclaman una postura escénica notable.

Marcela (Puchi Labarronnie) es una madre prejuiciosa, ácida, por momentos bizarra y cómica. Ella acepta a sus hijos, pero de una forma u otra se las ingenia para rechazarlos.

Gastón (Pedro Aggollia) es el primo glamoroso, un peluquero sin pelos en la lengua que trae comicidad y balance a la historia.

Beto (Eugenio Davide) pone lo grotesco a la orden del día. Su lema de “querer acomodarle las ideas a la gente” impone una autoridad casi militar, que se manifiesta en un cerrarse a los sentimientos propios y ajenos.

Franco (Hernán Lettini) personifica a un hombre conectado a lo emocional, dispuesto a enamorarse y sin dificultades para expresar lo que siente. Es mágicamente el cable a tierra que le da esperanzas a Valentino y que a su vez le enseña que nunca es tarde para una vida de a dos.

“Quiero pasar una tarde con Franco”, escrita y dirigida por Martín Marcou, se presenta todos los viernes (hasta el 26 de noviembre) a las 23:00 hrs. en el Teatro la Tertulia.

FACUNDO ESPÓSITO

Quiero Pasar una Tarde con Franco

Quiero Pasar una Tarde con Franco
Dirección y autoría: Martín Marcou. Producción: Checha Amorosi. Diseño de Luces: Ariel Campos. Escenografía: Ana Paula Fort Canela. Elenco: Marco Gianoli, Hernán Lettini, Puchi Labaronnie, Rosario Sabarrena, Pedro Aggollia, Eugenio Davide. Prensa: Juan Bautista Britez.
La familia a veces no se elige, pero…
Valentino quiere pasar una tarde con Franco. Este le salvó la vida durante la madrugada y a cambio, Valentino lo invitó a merendar, y de paso, conocerse un poco más. El problema viene cuando llega la familia del anfitrión. En primer lugar la histriónica y egocéntrica madre, seguida por la introvertida y discriminada hermana, y un primo peluquero que quiere seducir a Franco. Por último, aparece el hermano mayor de Valentino, vago, pedante y misógino. Digamos, que a Franco, a pesar de ser respetuoso y determinado, no va a pasar una buena tarde, mientras es “juzgado” por la familia de Valentino.
Martín Marcou, director del grupo “Teatro Crudo” crea una comedia costumbrista kitsch muy inteligente y oportuna con los tiempos que corren. No es lo mismo decir oportuna que oportunista. No se trata de una obra sobre “la homosexualidad”, como algunos decidieron etiquetarla, sino una pintura social acerca de la hipocresía, prejuicio y autodiscriminación imperante en la mínima estructura que se integra en la sociedad: “la familia”.
Pero Marcou no decide hacer un juicio de los valores morales, sino una sátira extremista sobre el costumbrismo argentino y estereotipos sociales. Como un discípulo del siglo XXI de Jacobo Langsner o Roberto Cossa, nos reímos de la “miseria”. Léase esta como miseria interna de cada personaje social, que cada actor representa, y con los que de una forma u otra nos terminamos identificando. Al fin y al cabo, las obras más famosas de los dramaturgos mencionados previamente son, en realidad, espejos de nosotros mismos.
No hay que dejarse llevar por el título. Si se piensa que se trata de una obra superficial, se está muy equivocado, y eso queda bien claro, desde el primer acto. Valentino y Franco empiezan a conocerse mencionando marcas de galletitas, que remiten a nuestra cultura golosinera, y cuya relación de ideas, ayuda a entender la personalidad de cada personaje, su pasado y su presente.
Admito que no tenía expectativas cuando llegué a la Sala “La Tertulia”, pero este primer diálogo y la inteligencia con que es llevado a escena por Marcou, y especialmente por sus intérpretes (Gianoli y Lettini) abrió mi apetito. Y con la llegada de cada personaje, cada meticulosa pose, cada perfeccionista forma de hablar, la obra me pareció demoledora. No solamente se trata de dinamismo, ritmo y fluídez en cada situación que va aconteciendo, sino que además es imposible preveer lo que va a pasar.
Que después de ver tantas obras clásicas (y a pesar de la puesta en escena y temática, esta lo es en todo sentido y no lo digo en forma peyorativa) nos podamos encontrar con una estructura, que en el momento menos pensado tenga un giro sorpresivo, y completamente justificado es motivo suficiente para resaltar esta obra, que después de las risas lleva a la reflexión, y de la reflexión a la discusión.
Aun, cuando algunas situaciones que no necesitan explicaciones terminan siendo explicadas, Quiero Pasar una Tarde con Franco se sostiene gracias a un guión sólido e inteligente con personajes conocidos pero verosímiles, palpables. El elenco es soberbio, destacándose sobre todo Gianoli (Valentino) y Labaronnie (Marcela, la madre), pero tampoco hay que dejar de mencionar el difícil trabajo de Sabarrena en la composición de Rosario, la hermana de Valentino; Agollia como el primo de Valentino (si un director de cine machengo lo ve, se lo lleva a España); Davide y por supuesto, Lettini, en un rol que le pide mantener una postura corporal íncomoda, siendo el personaje que, quizás, más sirve de conector con el espectador.
No me gusta poner etiquetas, pero no sería demasiado denominar a la obra como una versión de Esperando la Carroza o 100 Veces no Debo dirigida por Pedro Almodovar, ya que posee lo mejor, en cuanto a pintura social de personajes de las primeras con lo mejor del tono y la estética del director mencionado.
Ahh… imperdible el número musical del final (aunque me hizo acordar de la película El “Franco” tirador).

Teatro: Sala “La Tertulia” – Gallo 826. Cap. Fed.
Reservas: 6327-0303
Funciones: Viernes a las 23 Hs hasta el 26 de noviembre.
Entrada: $ 40 - $30 (jubilados y estudiantes)
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QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO, doméstico entretenimiento
Desencuentros a partir de un encuentro fortuito
Por Martin Wullich

Franco es joven, pero de actitud adulta, con ideales, culto, comprensivo. Quien comienza a pasar la tarde con él está fascinado. Lo demuestran claramente sus actitudes, su mirada, su intencionalidad. Pero ese momento es interrumpido por una serie de circunstancias familiares que no dejarán que la magia se produzca. El punto de partida de la historia pergeñada y dirigida por Martín Marcou es el disparador de una comedia entretenida y reflexiva, con temas vigentes en la vida cotidiana y en la intimidad de las relaciones.

Marco Gianoli representa natural y auténticamente a su personaje, al igual que Hernán Lettini. Ambos son creíbles, como también el vínculo que los une. En tanto, Rosario Sabarrena otorga el justo punto de inflexión, ternura y diversión al crear a la muchacha con cierto atraso mental, y Puchi Labaronnie provoca más de una carcajada al encontrarle una nerviosa vuelta de tuerca a la madre que representa. Pedro Aggollia y Eugenio Davide, aunque exageradamente marcados en los estereotipos de homosexualidad y de heterosexualidad respectivamente, completan el tono de disparate que la comedia se propone, sin mayores pretensiones.

La puesta en escena tiene los aditamentos necesarios para pasar un rato entretenido, en la búsqueda de la anhelada tarde del título. Martin Wullich

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"Quiero pasar una tarde con Franco"
Una brillante creación de Martín Marcou que nadie debe dejar de ver
(*) Por Hernán Aguilar
Cuando se encendieron las luces al finalizar la representación de “Quiero pasar una tarde con Franco” de Martín Marcou, pensé una vez más por qué los grandes empresarios teatrales argentinos insisten en comprar derechos de obras extranjeras los que sumados a los de adaptación y versión lo único que garantizan es abultar los presupuestos de producción, si a unos pasos de la Avda. Corrientes, en el denominado off, cientos de dramaturgos plantean obras tan o más interesantes que las que ellos compran.
Tal es el caso de Martín Marcou y su pieza “Quiero pasar una tarde con Franco”
Valentino sufre un intento de robo en plena calle, Franco lo ayuda a enfrentar al delincuente, ésta es la excusa perfecta, para que estos dos jóvenes gay vayan a tomar la “merienda” a casa de Valentino e intenten conocerse, el diálogo inicial acerca de las galletitas es inteligente y desopilante y sirve para describir a cada uno de los personajes.
Las intenciones de ambos dan por tierra con la aparición de la madre de Valentino: Marcela, que acaba de pelearse con su jefa y que habla, sin reparar en Franco, la hermana (torpe, atontada, grotesca), el primo peluquero, otro gay (muy amanerado) y el hermano (grosero, vago, medio alcohólico y homofóbico) que desata el nudo de una acción que se va colmando de situaciones que no permiten más que reírse a carcajadas, pero que seguramente en el momento hará pensar ¿de qué carajos me río? Quizás en esto se basa la efectividad de esta propuesta.
La puesta en escena del mismo Marcou que aprovecha un espacio difícil y lo hace con habilidad. Sin lugar a dudas Rosario Sabarrena se destaca en el personaje de Fabiola, la hermana de Valentino, logrando una actuación aceitada desde el principio al final sin ningún tipo de fisuras.
Marco Gianoli y Hernán Lettini componen con soltura sus personajes y logran una excelente comunicación entre ellos. Puchi Labaronnie, Pedro Aggoglia y Eugenio Davide aportan lo suyo sin llegar al nivel de los nombrados.
El tema de lo gay, quedó en el camino, me ganó el reflejo de una sociedad argentina que viene en decadencia, hoy son más los hogares sustitutos que los realmente “bien constituidos” y eso está bien, la homosexualidad, hoy, también es lo cotidiano. Mención aparte, lo linda que está la sala de “La tertulia” en Gallo 826.
Consejo: Andá a pasar una noche de viernes con Franco y Valentino que no te vas a arrepentir.
(*) Hernán Aguilar: Actor, Escritor, Director de Teatro y Cine.
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Crítica de Leandro Ibañez para Periódico Queer

Queer y Leandro Ibañez
recomiendan Quiero pasar una tarde con Franco


La nueva obra de Martín Marcou plantea
un análisis de la familia urbana y los roles
que a cada uno le son asignados



Quiero pasar una tarde con Franco, dramaturgia y dirección de Martín Marcou, plantea con tono de comedia, la existencia de roles dentro de la familia, en este caso una típica porteña de clase media-baja, en la que cada uno de los integrantes se encuentra atrapado en la reiterada interpretación de sus papeles, les gusten o no.

Valentino, el hijo menor de esta familia, invita a su salvador Franco, quien lo rescató de un robo, a merendar a su casa. Dos personajes antagónicos, el primero con algunas características flogger, interesado aún en cosas de adolescente y amante de la cultura popular más básica. Franco por su parte un profesor de literatura, defensor y militante de los derechos de las minorías sexuales, interesado en mandalas y acciones políticas. Uno eléctrico y gesticulador, el otro tranquilo y amante de la correcta utilización de las palabras; y aún siendo tan distintos se seducen mutuamente, se busca el uno al otro.

De repente la paz se ve interrumpida por la llegada del resto de los integrantes de la familia de Valentino. La madre, maleducada y grosera, el primo, superficial y frívolo, la hermana, lenta y relegada por la familia. Franco se encuentra en un hábitat que no es el que acostumbra, pero no se muestra incómodo o avasallado, sino contestatario y hasta despliega sus dones de defensor de causas perdidas ante la violencia que empieza a develarse sobre escenario.

Marcou consigue, mediante un lenguaje informal, con modismos urbanos y bordeando lo grotesco, hablar sobre la violencia existente en las familias, violencia no física, o por lo menos no la mayor parte de las veces, sino un tipo de violencia oculta a los ojos perezosos, en la que se encuentran inmersos estos personajes, donde una madre descarga todas sus frustraciones sobre sus hijos y en la que el vínculo en lugar de generarse desde el cariño y la protección, es a partir del defecto del otro, de la anécdota chabacana que produce más vergüenza que orgullo.

Y si hasta aquí los roles ya estaban bastante establecidos, la aparición del hermano mayor, vago, autoritario y vulgar, trae al conflicto un nuevo rol, el que la madre le permitió ocupar por ausencia de un padre: el de macho alfa del grupo. Lo escuchan y obedecen, no es un par de sus otros dos hermanos, sino que se ubica por encima de ellos. En conclusión, la clásica familia argentina que todo lo juzga desde su ignorancia, que cree tener la razón y el buen tino de indicarle a los demás la manera en que deben llevar adelante su vida.

Valentino, interpretación espontánea y fluida por Marco Gianoli, se encuentra en medio de dos polos opuestos, los valores que le inculcó su familia y los valores de una familia ajena, entre lo conocido y lo por conocer. Franco, una excusa necesaria dentro del guión para poder establecer esta diferencia radical, también cumple un rol, el del héroe salvador.

Cabe destacar la precisión de los pequeños detalles, como el gesto del rostro, el movimiento de las manos y la posición corporal que cada uno de los actores adopta para interpretar a su personaje. Además del original cierre en que el público tiene la oportunidad de, mediante aplausos rítmicos, valorar el buen trabajo de este elenco.
Una vez finalizada la obra, y ya estando cada uno en su casa, es el público el que debe analizar cuál es su rol social, si lo eligió o si indefectiblemente se encuentra atrapado en él.
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Crítica de Charly Borja para Creativos sin Cabeza


QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO
Comedia costumbrista escrita y dirigida por Martín Marcou, dentro de su aparente simpleza los personajes creados van entrelazándose entre sí conformando una pulsátil amalgama de personalidades que se rechazan por sus diferentes perfiles pero que a la vez se atraen por ese lazo invisible y poderoso llamado amor.
photos by charly borja 2010


Una nueva “comedia cruda” de don Martín Marcou un joven y talentoso director teatral preocupado por indagar en la psicología de personajes que representan a gente común, como ud. Señor/señora lectora o como nosotros los CreativosSinCabeza.
Es que en el mundo Marcoudiano las relaciones humanas entre sus personajes forman parte esencial de sus historias y “Quiero pasar una tarde con franco” no escapa a este interés por escudriñar dentro de sus mentes y de sus corazones para sacar lo mejor y lo pero de ellos.
Si bien la historia de esta comedia parece de una familia “normal” como cualquier otra, dentro de un tono costumbrista, comienzan a emerger diferentes perfiles y personalidades que “chocan” pero que también debido a su lazo de amor se sostienen entre sí, para acompañarse en el camino de sus vidas.
Y precisamente allí, en las cuestiones personales, es donde Marcou marca y delinea con preponderancia en el hecho teatral, a cada uno de sus personajes, haciéndolos interactuar entre sí, conformando una perfecta amalgama en toda su estética escénica.
Otro plato fuerte de grupo “Teatro Crudo” es el joven y sólido elenco integrado a saber por Marco Gianoli (VALENTINO), Hernán Lettini (FRANCO), Marcela Groppa (MARCELA), Rosario Sabarrena (FABIOLA), Pedro Aggollia (GASTÓN) y Eugenio Davide (EL BETO), esamblados de maravilla por la dúctil mano de un director avezado en los temas humanos como es Martín Marcou.
Recomendable comedia al más puro estilo Marcou, para no perderse detalle alguno de lo que sucede en esta particular familia.

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Gabriel Peralta para Crítica Teatral



Quiero pasar una tarde con Franco
Lo trascendente en lo cotidiano



Obra con dramaturgia y dirección de Martín Marcou

En la obra Quiero pasar una tarde con Franco, el dramaturgo y director Martín Marcou instala situaciones conflictivas en un logrado clima de cotidianeidad. De esta manera despoja de cualquier halo de solemnidad a temas tales como la aceptación del otro, la sexualidad y los prejuicios, haciéndonos acordar que la vida pasa más por el llano humano que por las alturas de los dioses.

Estos personajes enfrentar los conflictos con variables que van de la bondad a la maldad, de la generosidad a la avaricia y, del amor al odio. Por ese motivo ellos nunca se erigirán como héroes o villanos en estado puro y, andarán por la vida con sus raptos de valentía, con cierta cuota de bajeza, sacarán provecho de alguna situación o, darán abnegadamente algo de si mismos.

El principal merito del trabajo de Marcou es que no teme transitar por las flaquezas de nuestra sociedad, mas aún, profundiza ese costado para demostrar como se encuentra quebrado el tejido social, pero también como de esas flaquezas se puede encontrar alguna fuerza para torcer las cosas.
La disfuncionalidad familiar, en esta ocasión, es exhibida sin filtros, por eso los momentos de ternura como de crueldad por los que transita la pieza se observan de un modo visceral.

El elenco se abraza sin cortapisas al registro de exhibir el imaginario social de cada uno de sus personajes, logrando así fuertes contrastes en sus permanentes entrecruces.

Los elementos que conforman la escenografía diseñada por Ana Paul Fort Caneda sigue la línea de la cotidianeidad, con cierta tendencia a recargar sobre lo kitsch.

El vestuario de Eleonora Boffi esta plenamente logrado, ya que logra en sus prendas la exacta tipificación de cada personaje.
Quiero pasar una tarde con Franco, mira con comicidad, mordacidad y ternura a una sociedad, que por su historia, le cuesta dejar sus lastres de prejuicios y autoritarismos.

Gabriel Peralta

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Crítica de Osvaldo Sabino para PRESSENTA


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EL PEQUEÑO MARCOU ILUSTRADO DE LA FAMILIA ARGENTINA
Por Osvaldo Sabino*
Con "QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO", una vez más, el joven Martín Marcou (32), al frente de su compañía, Teatro Crudo, vuelve a sorprendernos desde la dramaturgia y la dirección.
Desde el momento mismo cuando uno se ubica en la platea, comienza a interiorizarse de lo que sucede en el escenario. Allí se ve a dos jóvenes sentados frente a una mesa conversando amigablemente. La charla, inicialmente inaudible para la audiencia, va tomando cuerpo hasta que nos enteramos que están discutiendo acerca de cosas simples como el nombre de las galletitas que comen, o si debe decirse "masita" o "galletita". La escena es cotidiana y, en su superficie, totalmente simple, aún cuando pronto notamos el juego de seducción que se desarrolla entre los dos personajes—que Marco Gianoli y Hernán Lettini interpretan con destreza incorporándole una inusual naturalidad. Esto hace que, desde antes de comenzar la acción, el espectador se sienta cómplice de la pareja.
Por supuesto, el conflicto surge ante la aparición de la familia de Valentino. Pero no es lo que el espectador espera. No existe una "culpa" a causa de la orientación sexual. Muy por el contrario, Marcou nos presenta una grupo de familia en el que sólo advertimos un leve rastro de homofobia en el hermano mayor, "El Beto" (Eugenio Davide). En cambio, la madre, Marcela—un personaje en el que se destacan por igual tanto Puchi Labaronnie como Marcela Groppa— Fabiola, la hermana deforme y algo retardada que es vapuleada por todos—un rol difícil que Rosario Sabarrena sostiene sin decaer en ningún momento—y Gastón—Pedro Agollia—el primo gay "plumífero" que siempre tiene algo que acotar, se enfocan en otro tipo de obsesiones que nada tienen que ver con la sexualidad.
El joven autor/director, Martín Marcou, ya había desplegado su gran habilidad en el manejo del diálogo en obras anteriores (Tortitas de manteca, Lame Vulva, Brillosa, Rancho Blanco, entre otras), pero es en Quiero pasar una tarde con Franco, donde alcanza su más completa madurez. Esto lo logra desorientando al espectador que, a medida que va desarrollándose la trama, comprende que no está ante una familia disfuncional, ni tampoco frente a una historia de amor homosexual, sino a una realidad cotidiana contemporánea. Toda la neurosis de los personajes está presentada con tanta naturalidad que logra, fácilmente, que cada uno de nosotros nos identifiquemos con el mundo de esta familia y su visitante, Franco.
Debemos destacar que los demás elementos, el uso del espacio, el vestuario, las luces, la coreografía escénica, y la escenografía, están tan bien logrados que encajan perfectamente en esta puesta tan inteligente de Marcou.
"Quiero pasar una tarde con Franco", es un claro ejemplo de los excelentes valores que pueden sorprendernos gratamente en la cartelera de "teatro alternativo" actual.
© Osvaldo Sabino para PRESSENTA.COM.AR - Buenos Aires, Agosto 2010.
*Osvaldo Sabino es Escritor, Dramaturgo, Crítico y director teatral.
QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO
Viernes, 23hs. - Entrada general $35
Descuento para estudiantes y jubilados $25 -
PEDÍ PROMOCIONES ESPECIALES a $25 en martinmarcou@hotmail.com
Teatro LA TERTULIA, Gallo 826 - Abasto, Cap. Fed.
Reservas al 6327-0303 - www.latertulia.on.to



Crítica de Pablo Rubín para Palermonline






La compañía de Teatro Crudo es hoy mas que nunca un teatro social. Es concreto. Es muy significativo que la cultura acompañe los procesos historicos.

Cuando hablamos de teatro hablamos de dramaturgia, Marcou escribe y dirige, tiene la posibilidad de ser más que un director, es como dios, crea, destruye, construye, escenas, y cuenta una Historia que años atrás hubiera producido escandalos en países fundamentalistas o en nuestro propio país. Hoy a pesar de todo se puede hacer teatro en libertad.

Martín Marcou camina haciendo un teatro militante y construye positivamente presionando a los actores, para que den al máximo su energía al espectador, imprescindible combustible para el Director.

En esta obra Los Actores se dan cuenta de que no son los protagonistas. EL protagonista es la historia de esa tarde de represiones de esas familias Argentinas hipócritas que muy bien son retratadas en La Tertulía los viernes a las 23 horas..

La Obra de Marcou es una mirada a una familia donde uno de sus integrantes sufre amor por un par, sufre la presión de la madre castradora, su egoísmo, la ausencia del padre, la imbecilidad de las hermana, la brutalidad del hermano, y finalmente la apatía de un peluquero puto y malo quizas traidor?.

La obra quiero pasar una tarde con Franco es un buen beso en la boca para los que no quieren entender la problemática del amor y/o de la homosexualidad? O es simplemente del amor o simplemente de la homosexualidad?

Es una buena noticia para los vecinos del Barrio ver a los siguientes actores.

LA TERTULIA
Gallo 826
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 6327-0303
Web: http://www.latertulia.on.to
Entrada: $ 35,00 y $ 25,00 - Viernes - 23:00 hs - Hasta el 10/09/2010
Teatro, Marcou da.

¿Cuántas cosas se le pueden pedir a un hombre? ¿Cuántos actos se le deben exigir? ¿Desde dónde, desde que lugar? Imbéciles, seres sin la menor idea del compromiso, en una suerte de caldo hervido y dado vuelta en el cerebelo, proclives al cinismo, al corporativismo ideológico, a lo tilingo; piden, y piden y no dan nada...

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Quiero pasar una tarde con Franco


Por Juan Bautista Britez – (Pressenta)

Tras un asalto, un joven socorre a otro. El asaltado agradecido invita al atractivo desconocido a merendar a su casa, inesperadamente surge algo más que gratitud y entre dulces galletitas y te caliente, van irrumpiendo en escena, los integrantes de ese hogar, para amargar y enfriar la romántica merienda.
Así comienza la nueva comedia de Martin Marcou, demostrando su oficio como dramaturgo, con un texto sencillo pero ocurrente, cotidiano pero profundo. Y su sólido trabajo como director, plasmado a través de la excelente elección de los actores que le dan intensa vida a los seis personajes muy bien delineados: una madre desubicada (Puchi Labaronnie / Marcela Groppa), una hermana con cierto retrazo que busca todo el tiempo llamar la atención (Rosario Sabarrena), un primo superficial (Pedro Aggollia), un hermano desagradable, maleducado y prepotente (Eugenio Davide), el hijo adolescente, tierno, tímido (Marco Gianoli) y un joven adorable, comprometido naturalemente con los reclamos LGBT (Hernán Lettini).
Cada uno de los actores, les dan absoluta verosimilitud a sus personajes, centrado en la amorosa atracción que tienen Franco y Valentino, brindando una dulce tensión a la puesta. Una simple y universal historia de amor, donde 2 extraños que comienzan a conocerse, a indagarse, a ilusionarse, en un contexto familiar nada romántico.
Visualmente, la puesta se luce por una esmerada producción: colorido vestuario a cargo de Eleonora Boffi, funcional escenografía de Ana Paula Fort Caneda, las acertadas coreografías de Aymará Abramovich y efectivo diseño de luces realizado por Ariel Campos. Todos integrantes del grupo creado por el mismo Marcou, llamado Teatro Crudo.
Humor y reflexión, sobre la libertad de amar, la falta de intimidad, los malos hábitos permitidos dentro de las relaciones familiares, la búsqueda y posibilidad del amor a pesar de todo. Teatro independiente del bueno, hecho por jóvenes talentosos que aportan entretenimiento y sensibilidad, a través de una historia de amor “recientemente legalizada”.
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Critica de ABC Cultural



“QUIERO PASAR UNA TARDE CON FRANCO”, LO ÚLTIMO DE TEATRO CRUDO



El elenco que interpreta a la familia Longo, filosos e impresentables
Crédito: Martín Marcou

“La merienda es una comida ligera que a veces puede caerte pesada” es la síntesis argumental de Quiero pasar una tarde con Franco, la nueva comedia escrita y dirigida por Martín Marcou, donde el amor entre dos chicos enmarcado en una tarde de té y una familia con sobradas miserias y mínimos tapujos conforman el eje central.
Valentino invita a merendar a Franco en agradecimiento por haberlo ayudado en un robo donde fue víctima. Entre miradas, sonrisas y charlas cotidianas y graciosas, que van ahondando en las personalidades y gustos de cada uno, comienzan a atraerse. Aunque a simple vista no comparten demasiadas opiniones, los une la sensibilidad y las ganas de ayudar a los demás.
Pero la tarde es interrumpida por un vendaval cuando llega Marcela, la madre de Valentino, que a los gritos escupe la rabia que siente por sus problemas laborales, además de dejar en claro que nada la importa la presencia del invitado como para moderar sus palabras. Su hijo se sonroja pero acepta la situación.
Luego entra en la casa Fabiola, hermana del joven y amante de los sandwiches de pastrón y los cigarrillos mentolados, y la sigue Gastón, el primo peluquero adorado por su tía que se está animando al diseño de indumentaria. Para completar el cuadro de la familia Longo se suma El Beto, hermano de Valentino, que deja bien en claro que el trabajo no es lo suyo, y como adicional, no tolera a los homosexuales. Juntos comienzan a desnudar ideas, actitudes y atropellos, avalando la frase “cada familia es un mundo”, pero en este momento Valentino quisiera vivir en otro planeta, o que el espacio testigo del amor entre él y Franco sea otro.
“Siempre me interesó la vida doméstica de los otros, la alegría de vivir y las miserias celebradas, lo imprevisible y lo sufriente, lo que no se puede clasificar y lo desconcertante. ‘Quiero pasar una tarde con Franco’ esta hecha de ese material y con ausencia de temor al ridículo, desde la libertad que me permito al jugar, mientras busco como contar una historia”, expresa el director sobre la obra que forma parte de la compañía Teatro Crudo, nacida en 2006 y encabezada por el autor.
Quiero pasar una tarde con Franco es una historia que realza lo cotidiano, las situaciones íntimas que ocurren puertas adentro de una casa donde todo se habla y se grita, nada se guarda. La diversidad, la elección sexual y la lucha por los derechos igualitarios para todos los seres humanos forman parte de la obra, sin descuidar el amor y la sensibilidad que caracterizan, y marcan a fuego, las creaciones de Martín Marcou.
por Laura Gilardenghi
laurag@abccultural.com.ar

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Crítica de Revista Siamesa



Quiero pasar una tarde con Franco, lo nuevo de Martín Marcou

por Nico Pose


Valentino y Franco toman la merienda sin llegar a entenderse del todo bien. Recién se están conociendo, y Valentino con juegos trata de avasallar la timidez de Franco.

Se conocieron hace poco. Y tal vez, nunca se hubieran conocido si Valentino no hubiera sido robado, y si Franco no lo hubiera querido ayudar.

Ahora están en el comedor de la casa de Valentino, merendando, y mientras éste habla con el tímido Franco le pregunta qué galletita sería, o qué música cree él que tendría cada marca de galletitas, desde la Tía Maruca hasta Melba-que tienen nombres de viejas-; desde las variedades hasta las Tentaciones, y en todo caso, si la marca de alguna galletita puede llegar a definir la personalidad de alguien.

Ambos parecen acercarse de a poco, a medida que Valentino con su simpatía comienza a hacer ceder las resistencias que opone la timidez de Franco. Hasta que de repente, aparece la madre de Valentino en escena, y adiós a la intimidad, adiós a lo que se venía dando de a poco, adiós a lo que parecía nacer naturalmente entre ellos dos. Nada: silencio. De la tibia dulzura de la timidez de Franco a la extroversión impúdica de la madre de Valentino. Y de allí en más, todo se comienza a descontrolar. La familia, a Valentino lo condena. No es difícil ver por qué Valentino es cómo es cuando conocemos a su familia, y no es difícil darse cuenta por qué él quiere a Franco cuando éste contrasta tanto con su familia. Franco es paz, juego, intimidad, diálogo, y sabe escuchar... Su familia, es casi lo opuesto, siempre sostenida bajo la batuta que maneja su madre.

Martín Marcou, ya nos ha demostrado el talento que tiene para construir diálogos, para que éstos sean tan naturales, donde el juego con la oralidad siempre está presente en todas sus obras como una marca de autor. En este caso, su última obra no es la excepción, donde la familia de Valentino, una familia de clase media baja-el estrato que suele representar Marcou en sus obras-como sucedía en Lamevulva-, pronuncia palabras de otras lenguas sin naturalidad, de forma afectada, como lo hace la madre con budín,-en vez de decir, budín, ella dice búdin-, o con otras palabras. La risa de la platea se desprende con estos momentos tan imprevisibles en la obra como reales. Es en estos pequeños detalles donde se nota el trabajo que hace Marcou con la oralidad. En estos pequeños momentos se define un poco el sello que caracteriza a Marcou, y su gran interés por la perfección y la naturalidad de los diálogos. Claro que no solamente es eso, sino también la estética que sigue manteniendo este director, donde sus obras se hacen reconocibles por el humor mezclado con el drama, sin que estos dos se raspen, se contrasten o alteren la acción; todo lo contrario, se fusionan con naturalidad, y así, del humor se pasa rápidamente a una situación más dramática, cambiando la mueca del espectador en determinados tramos de la obra. Si bien esta última obra de Marcou es más graciosa que otras, no por eso deja de ser dramática. La diferencia está en que en ésta, se acentúa más la comedia sobre el drama, en esa familia disfuncional que afecta los destinos más inmediatos entre Franco y Valentino.

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soy

En franca decadencia

Quiero pasar una tarde con Franco, dirigida por Martín Marcou, pone en escena los fantasmas de toda familia tipo con hijo gay incluido.
Por Pacha Brandolino
La pequeña semblanza de una familia tipo. O las delicias de la vida familiar. O cualquier otro slogan que dé cuenta de una escena doméstica, como sacada de una casa de barrio de Buenos Aires.
Una familia no tan disfuncional o semifuncional, con esa disfuncionalidad perversa de la clase media con mala conciencia y sentido común, cuyo retoño es un hijo varón que salió tan gay como mamá deseaba, con un condimento de Andy Warhol del subdesarrollo: trivial, mariquita, con modos de adolescente tonta alimentada a papas fritas Pringles. A la sazón, el protagonista de una dramaturgia sin sobresaltos. Y así es, la escena ocurre pero no se desarrolla. Es una especie de instantánea en acción en el comedor de una casa en que están merendando dos chicos en tren de levantarse. Se van sumando: la madre sexy y pulposa de uno de ellos, dedicada al telemarketing, que en un ataque de neurastenia, no hace más que despotricar contra su supervisora del trabajo; el primo del muchachito: una loca exacerbada, peluquera y ponzoñosa; la hermana del muchachito, una pánfila despreciada y maltratada por todos, especialmente por su madre. Así las cosas, cuando se suma un tercer hermano, el mayor, venerado y apañado por su madre, presuntamente drogón y vago, se desencadena una especie de tragedia doméstica homofóbica.
El mérito mayor se lo lleva esta pieza por la idea de evitar el tópico de la salida del armario. El chico es puto y está “charlando con un amiguito” y mami está encantada de que así sea; el primo es puto también y es el segundo preferido de mami, su tía. La pobre hermana ha sucumbido al enfrentamiento con su madre en una batalla que perdió antes de nacer; tal como dijo Sigmund: “El conflicto entre madre e hija es el más difícil de resolver”. El hermano mayor convive a regañadientes con el puto y la tonta, en un incesto casi explícito con su madre. Toda una galería de exquisiteces visitadas casi casualmente y que en otras manos habrían dado como resultado un culebrón imposible. Pero parece ser otro el meollo. El punto es que no se sabe cuál. Quizá no lo tenga y, entonces, está muy bien que así sea...
Si es así, necesariamente aparecen otras preguntas: ¿Es el teatro un sitio donde mirar el cotidiano sin más, en un registro hipernaturalista? Entonces, todo bien: se logró el cometido. ¿Debemos suponer que el público va al teatro a “divertirse”, en el sentido de las comedias de Darío Vittori? Luego, también se logró el cometido.
El tratamiento escénico, en cuanto a escenografía, banda sonora y luces, está muy a la altura del resto, incluyendo el aprovechamiento excelente de las posibilidades físicas de la sala.
En suma: o estamos frente al mejor tratamiento que se le pueda dar a estas monstruosidades o estamos en el horno, porque nos reímos y normalizamos lo tremendamente anormal. Espectadores, pasen y vean y díganlo ustedes.
Quiero pasar una tarde con Franco. viernes 23 hs. en Teatro la Tertulia, Gallo 826.

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Calificación: ★★★

En una merienda como escenario, el juego de seducción entre dos jóvenes varones es inmediatamente arrebatado por la irrupción de la familia del dueño de casa. La familia no se elige, se padece.

Franco ayuda en un robo a Valentino y éste, en agradecimiento, lo invita a merendar a su casa. Sentados a la mesa comienza la búsqueda del romance. Son dos opuestos que se atraen. Franco es profesor de literatura y militante en la lucha de las minorías sexuales y Valentino es fanático de Betty Boop.

Una ingeniosa conversación sobre “masitas” y la intimidad ganada se ve interrumpida por la madre de Valentino. Una madre de esas que es preferible evitar. Una madre amorosa pero cruel, metiche y castradora. Una madre de esas que le tira la lengua. Por momentos, una madre para esconder.

Una situación en la que también intervienen otros miembros de la familia, como el primo peluquero “loca” y Fabiola, una hermana medio opa que come sándwichs de pastrón y que aporta los momentos más graciosos de la obra. Valentino sufre a su familia pero la soporta. La tarde graciosa se vuelve tensa con la entrada del hermano mayor, un chongo siniestro y por momentos patético que tira abajo el proyecto de romance de los protagonistas.

Una “comedia cruda”, como la llama su autor, con un único escenario que contiene además musicales y unos toques de drama. Un buen elenco heterogéneo que aporta lo necesario para querer pasar la tarde con Franco.


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CRITICUNDER Blog dedicado a ofrecer críticas y comentarios







CRITICA ENESCENAHOY

Quiero pasar una tarde con Franco de Martín Marcou
Teatro La Tertulia - Gallo 826 // 6327-0303 - Viernes 23hs. Entrada $35.-


Todos queremos pasar una tarde con Franco
En medio del debate por la ley de matrimonio para personas del mismo sexo, Martín Marcou presenta una obra en la cual ver a dos hombres besándose no sólo resulta natural sino hasta deseable. Valentín invita a Franco a merendar a su casa como agradecimiento ( y porque había onda también) por haberlo ayudado en un intento de robo del que fue víctima. Entre galletitas dulces y tazas de té, se da un hermoso juego de seducción lleno de frescura y naturalidad entre estos dos jóvenes que están mucho más allá del debate arcaico que vemos en los medios y mucho más acá del sentimiento genuino.
Pero como el amor nunca es fácil (tengas la orientación sexual que tengas) en medio de tan agradable tertulia aparece la familia de Valentín, un grupo de gente impresentable que haría salir corriendo al mas bienintencionado de los pretendientes. En medio de madres que recuerdan anécdotas incontables, hermanos con calzoncillos de leopardo, hermanas bobas y primos peluqueras de barrio; Franco resiste los embates de cada uno sólo por permancer cerca de Valentín que, a esta altura, ya no puede disimular a su indescriptible familia.
La obra no tiene un conflicto troncal sino que llega hasta la presentación de los personajes, pero esta presentación tiene la fuerza necesaria para generar interés y mantener la atención del espectador. Se destacan ampliamente las actuaciones de Marco Gianoli y Hernán Lettini que juegan sus papeles con mucha naturalidad y conexión, como si ese romance incipiente estuviera ocurriendo realmente. El resto del elenco, trabajado en un tono más grotesco, acompaña correctamente la acción pero (quizás por una necesidad de contraste) no consigue integrarse del todo a la fluidez de los protagonistas. La obra nos muestra lo natural que es el amor entre hombres y en ese intento a veces cae en una discriminación inversa porque la pareja central son jóvenes, lindos y agradables mientras que el resto es directamente impresentable. Aún así, el logro del director está dado en las escenas entre Valentín y Franco en las que se puede ver el espíritu de la obra.
Una divertida comedia que nos cuenta que siempre hay alguien al que no le importa con quien vivamos, cómo es nuestra familia o si decimos masitas en vez de galletitas; alguien que quiere cantarnos "el himo de mi corazón" de Miguel Abuelo y llenarnos de besos. En fin...quién no quiere pasar una tarde con Franco?
Martín Fernández Tojo

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Mientras siguen las discusiones sobre el proyecto de ley que establece el matrimonio homosexual, el teatro apuesta a la reflexión contando una cotidiana historia de amor. Además, Lola Ponce evitó la disputa con Granata, el circo Servian llega a Buenos Aires y Gerardo Rozín fue papá.
En un particular contexto donde la polémica por el matrimonio entre personas del mismo sexo vive un debate que parece interminable, existe un espacio que trata de quebrar el discurso de aquellos que se resisten a la libertad de elección.
“Quiero pasar una tarde con Franco” se presenta, desde hace una semana, todos los viernes a las 23 en la pequeña, pero acogedora sala La Tertulia, del barrio porteño del Abasto.
La síntesis argumental advierte “una merienda liviana que puede caer pesada”. La ficción es sencilla y entretenida. La historia es de un amor, inocente y tierno, entre dos jóvenes del mismo sexo. Pero la idea que subyace la obra va más allá de la vida cotidiana de una familia dentro de su casa. Habla de costumbres, de valores y de prejuicios.
Franco socorre a Valentino de un intento de robo y él, en agradecimiento, lo invita a merendar a su casa. Lo que comienza como una linda tarde de té y galletitas se convierte en un drama, muchas veces cómico, cuando entran en escena los miembros de la desopilante familia de Valentino: una madre omnipotente, el amanerado primo peluquero y sus hermanos; la mujer lenta y defectuosa y el varón, homofóbico.
En adelante, se combina lo más bizarro de la vida doméstica, las miserias humanas, con un toque de humor negro, y la vida rutinaria de una familia que en el interior de su casa muestra una gran diversidad, que no es sólo la sexual.
“Quiero pasar una tarde con Franco” cuenta con una trama sencilla, pero comprometida, que dejará pensando al espectador que cada persona debería ser respetada en su integridad como ser, más allá de su orientación sexual.
Martín Marcou es el autor y director que una vez más, elige una temática audaz, aunque con un título naif a comparación con sus anteriores piezas: “Desmesura Vaginal”, “Tortita de Manteca” o “Lame Vulva”. El dramaturgo lo explica a La Unión: “la diferencia es que antes apareció primero el título y en este caso fue, ante todo, la idea de contar una historia de amor con rasgos de humor”.
Marcou comenzó a perfilar esta obra hacia fines de 2009, cuando no estaba instalado en la sociedad el debate del matrimonio entre personas del mismo sexo. La “casualidad” alegra al director: “sólo pensé en tomar una posición, que no deja de ser política, pero sin quererlo se transformó en un aporte a la visibilidad. En este contexto, suma”.

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El pasado 25 de Junio se estrenó: “Quiero pasar una tarde con Franco” de Martín Marcou.

Breve fundamentación sobre la obra:

"En una sociedad basada en los ideales de la democracia, cada persona debería debe ser respetada en su integridad como ser, más allá de su orientación sexual. Una obra teatral que involucre la diversidad sexual como temática, crea espacios de intervención, reflexión, contención y acompañamiento, y se convierte en una posibilidad concreta de sumarse a la causa visibilizándola en un discurso expresivo."


Nuestra Crítica

Cuando la merienda cae pesada…
Franco socorre a Valentino de un intento de robo, y él en agradecimiento, lo invita a merendar a su casa. Este es el punto de partida de una comedia sencilla pero eficaz, centrada en una tierna historia de amor distinta entre dos extraños del mismo sexo.

Lo que comienza como una linda tarde de té y galletitas, se convierte en un verdadero calvario cuando entran en escena los miembros de la desopilante familia de Valentino: la omnipotente madre, el amanerado primo peluquero, su muy tontuela hermanita y un hermano homofóbico como frutilla del postre.

De aquí en más se combina lo mas bizarro de la vida doméstica, las miserias celebradas, lo imprevisible y lo sufriente en relación a lo políticamente incorrecto, eso que se debería resolver “puertas adentro”, lugar donde se reflejan los mejores momentos humorísticos de la obra.

“Quiero pasar una tarde con Franco” cuenta con logradas actuaciones en cada uno de los personajes y un timing justo para la comedia, el director se las ingenia para distribuir en un escenario de dimensiones reducidas tanto la escenografía como los personajes en una prolija puesta en escena, hasta incluir un pequeño pero significativo número musical de la mano de un fuerte desenlace entre los protagonistas.

Nuestra destacada elegida es Rosario Sabarrena en el personaje de Fabiola, la “torpe e inservible” hermana de Valentino, quien construye un personaje ingenioso, divertido y grotesco, el cual logra sostener con mucha desición durante toda la obra.

Desde la simplicidad de su trama la historia aborda cuestiones más profundas, incluyendo cierta dosis de actualidad, como el matrimonio gay y la adopción en una pareja del mismo sexo; una temática audaz, la que se podría señalar como una marca registrada en la propuesta del director Martín Marcou y su “Teatro Crudo”. “Quiero pasar una tarde con Franco” resulta una muy comprometida y a la vez divertida opción dentro de la variedad que ofrece el circuito del teatro independiente.

Ficha técnica:
Elenco (por orden de aparición):

Valentino es Marco Gianoli
Franco es Hernán Lettini
Marcela es Puchi Labaronnie
Fabiola es Rosario Sabarrena
Gastón es Pedro Aggollia
El Beto es Eugenio Davide

Actriz invitada: Marcela Groppa.

Ficha Técnica:
Autor: Martín Marcou
Coreografía: Aymará Abramovich
Maquillaje: Sol Osimi
Fotografía: Leandro Martinez
Escenografía: Ana Paula Fort Caneda
Realización escenográfica: Esteban Fort Caneda
Vestuario: Eleonora Boffi
Asistencia de vestuario: Cecilia Jazmín
Diseño de luces: Ariel Campos
Diseño Gráfico: Vanina Moreno
Prensa: Juan Bautista Britez
Producción: Checha Amorosi para Teatro Crudo
Asistencia general: Valeria Actis - Ana Rossi
Asistencia de dirección: Ariel Campos
Dirección: Martín Marcou

Funciones:
Todos los viernes a las 23 hs.
Teatro La Tertulia - Gallo 826
Reservas: 6327-0303 - Entradas $35 y $25 con descuento (Descuento jubilados y estudiantes)

Crítica y fotos para Red Teatral:

Diego Scarpati
Mariana Barcala


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Seis personajes ganan la escena en esta comedia que aborda la diversidad sexual I Foto: Leandro Martínez


Teatro Crudo vuelve para celebrar la alegría, las miserias y el triunfo del amor

Miércoles, 23.06.2010

El próximo viernes se estrena en Buenos Aires la obra Quiero Pasar Una Tarde Con Franco, el más nuevo montaje de Teatro Crudo, con texto y dirección de Martín Marcou, que en esta ocasión propone una comedia que aborda el triunfo del amor, el cual nace a partir de un encuentro fortuito que origina una tierna y compleja historia.


La trama presenta a Valentino, quien es socorrido por Franco luego de sufrir un robo. Aquél entonces lo invita a merendar, a modo de agradecimiento, y es ahí cuando ambos se enamoran, sin sospechar que "la merienda puede caer pesada cuando la familia se vuelve impresentable". De acuerdo con su director, la obra tiene como temática la diversidad y busca asimismo ser un espacio para la reflexión, partiendo de la premisa de que cada persona debería ser respetada en su integridad, más allá de su orientación sexual.


Marcou, que anteriormente fue el responsable de puestas como Desmesura Vaginal, Rancho Blanco, Tortita de Manteca, Lame Vulva y Brillosa, revela que siempre estuvo interesado en la vida doméstica de los otros, en la alegría de vivir y las miserias celebradas, lo que no se puede clasificar y lo desconcertante, según sus propias palabras. "Quiero Pasar Una Tarde Con Franco está hecha de ese material y con ausencia de temor al ridículo, desde la libertad que me permito al jugar, mientras busco cómo contar una historia", afirma el autor y director teatral.


Al comenzar el proyecto, Marcou cuenta que tuvo claro desde un principio que no quería un trabajo 'meramente expositivo y redundante', sino armonizar su propio sistema e inspirarse de forma visceral, buscando nuevos recursos dramáticos. Para cumplir con su objetivo, convocó a los actores Marco Gianoli, Hernán Lettini, Puchi Labaronnie, Rosario Sabarrena, Pedro Aggollia y Eugenio Davide, que encarnan a los seis personajes presentes en el montaje.


El espectáculo, cuya duración es de 50 minutos, estará en cartelera todos los viernes, desde las 23:00, en el Teatro La Tertulia (Gallo, 826, Abasto, Buenos Aires), y las reservas pueden ser realizadas al número 6327-0303. La entrada general tiene un costo de $35, con descuentos especiales para estudiantes y jubilados.


Los personajes


Franco - Hernán Lettini


Franco es luchador, observador, tierno y caballero. Milita por la igualdad de derechos para todas y todos. Es algo torpe con su cuerpo y obsesivo con muchas cosas. No cree en la violencia, ni la ejerce. Es algo tímido y reservado. Acepta tomar la merienda con Valentino porque piensa que ese día no habrá nadie en casa del anfitrión.

Valentino - Marco Gianoli

Valentino trabaja en una casa de ropa, su mejor amigo se llama Nicolás; es muy querido en el barrio, es generoso con los demás. A veces les cuida las nenas a La Etel y le paga las cuentas a La Hebe. Es sensible. Le gusta Betty Boop. Y le gusta el amor. Valentino espera a su príncipe azul y parece que lo va a encontrar.

Marcela - Puchi Labaronnie

Mamá del Beto, Fabiola y Valentino, Marcela es la jefa de familia. Su marido la abandonó. Tuvo un affaire con un canadiense, se sospecha que Valentino es hijo de ese hombre. Trabaja como telemarketer vendiendo planes de emergencias médicas junto a su comadre 'La Débora', que ahora es su jefa.

Fabiola - Rosario Sabarrena

Fabiola trabaja en el kiosko que pertenece a la familia. Tiene un novio motoquero al que nunca ve, y también un paraguas turquesa. Además estudia inglés. Con la madre no se lleva bien, pero con su primo Gastón sí. Es adicta tanto a los sándwiches de pastrón como a los cigarrillos mentolados.

Gastón - Pedro Aggollia

Gastón es el hijo de la hermana de Marcela Varano. Es el primo de Valentino, Fabiola y El Beto. Es peluquero. Te atiende la cabeza y después te destruye con la lengua. El padre le puso el negocio. Su tía lo ama. Se está animando con el diseño. A veces se siente solo, pero para esos momentos tiene su máquina de coser.

El Beto - Eugenio Davide

El Beto es el hermano mayor de la familia Longo, está desocupado hace dos años. Lo mantienen la madre, sus hermanos y principalmente su amante, una mujer mayor que él. No tiene filtro alguno para decir las cosas. Colecciona anteojos, ama a su madre, le gusta declamar siempre los mismos versos y la Coca-Cola.

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